Atacada una galería de arte, ¿choque cultural?

Hemos leído que han atacado una galería de arte que exponía una serie de fotografías con una iconografía provocadora.

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/02/17/actualidad/1329496964_693625.html

http://www.elmundo.es/elmundo/2012/02/17/cultura/1329502897.html

Desde este blog no entraremos en debates estériles ni mucho menos en posicionamientos de ninguna clase, pero sí es la intención de este espacio analizar desde el punto de vista de la multiculturalidad algunas noticias de actualidad que vayamos encontrando interesantes.

Quizá te estés preguntando ¿qué demonios tiene que ver ese episodio con la multiculturalidad?, intentaré desarrollar la idea.

Parece evidente que las adscripciones culturales de todo colectivo tienen mucho que ver con la influencia que la religión o filosofía ejerció sobre el mismo. En España tenemos una lógica influencia judeocristiana, es por tanto normal que determinados ejercicios intencionadamente provocadores consigan precisamente eso, provocar. ¿Porqué se produce esa provocación?.

La cultura nos la tenemos que imaginar como una cebolla compleja (desde siempre, desde el primer día que alguien me habló del hecho multicultural, se empleó la figura de la cebolla, que no me gusta, pero reconozco que es lo que mejor ilustra lo que se pretende explicar) en la que a medida que profundizamos en sus diferentes capas nos acercamos a terrenos más sensibles.

Las capas externas son las que están relacionadas con la semiótica, con los signos, con lo más evidente, con lo que vemos. Por ejemplo, la forma en la que cada colectivo afronta el fallecimiento de uno de sus miembros tiene un reflejo externo que se plasma en la “arquitectura” del proceso de duelo y funeral. Por no ponernos tan serios y dramáticos, la manera en la que cada colectivo expone al exterior sus convicciones religiosas también tiene mucho de “lenguaje de signos”, de semiótica.

Generalmente, cuando juzgamos un hecho cultural nos quedamos en las capas externas, las menos trascendentes. Por ejemplo, todos sabemos que las culturas orientales (con influencias confuncianas) son especialmente cuidadosas en sus formas y en la manera en la que se establecen las relaciones humanas. Cuando se habla de ese hecho, generalmente se hace fijándonos en los aspectos externos, en la reverencia, en la mirada, en los gestos de las manos, pero nunca o casi nunca ese análisis trasciende a capas más internas y que realmente hablan de las adscripciones culturales y no de la manifestación en forma de gestos o símbolos, finalmente, tendemos a la estererotipificación.

La noticia que estamos comentando, contiene una reflexión interesante. Sin entrar en análisis de la reacción de aquellos que se sintieron ofendidos ni en la provocación de los responsables de la exposición, lo que es un hecho es que la provocación era intencionada y desde luego no parece que buscase generar una reacción netamente peligrosa.

¿Qué ha sucedido? (desde un punto de vista cultural claro), desde mi humilde punto de vista algunas personas han percibido esa provocación de forma muy intensa, atravesando las capas más externas de su estructura cultural y llegando hasta las adscripciones más profundas, aquellas que son asunciones básicas, que resultan incuestionables y que están por encima de cualquier otro valor cultural, incluso por encima de cualquier norma o ley. Todos entendemos (salvo patología) que el asesinato de otra persona no es aceptable, incluso sin que nadie nos lo inculque, todos entendemos que nuestros hijos son acreedores de nuestros cuidados y atención, ambas cosas forman parte de ese conjunto de asunciones básicas, de valores incuestionables.

Ante una agresión, se produce una reacción que está alineada con el grado de ofensa percibido. Aquí ruego que se entienda algo importante. No me refiero en ningún momento a aquellos que emplearon violencia y que potencialmente pudieron poner en peligro a otras personas. Sí me gustaría que el lector se fijase en aquellas personas que, sin justificar claramente las reacciones más violentas y peligrosas, entienden (hasta cierto punto) que la provocación original merecía una reacción enérgica.

Éstas personas, se han sentido agredidas en lo más profundo de su ser, literalmente, han sufrido un extremadamente intenso choque cultural.

Otras personas, estarán en la posición opuesta, no entenderán como una manifestación artística más o menos arriesgada o provocadora puede merecer, no ya un ataque violento, sino una descalificación severa o una crítica durísima.

Ésto que vemos cada día, es (entre otras cosas) un choque cultural. Y fíjate, no nos hemos movido de España, ni de Madrid, tenemos una colisión de culturas en la puerta de casa y no hemos necesitado viajar ni poner en contacto a un japonés y a un estadounidense.

La forma en que cada grupo, en términos culturales, interpreta la provocación del caso presentado y reacciona ante ella tiene que ver con las asunciones básicas de cada colectivo. Todo lo demás es semiótica, por extravagante, dura, violenta, peligrosa o transgresora que sea.

Desde este espacio, intentaremos ayudar a profundizar en los análisis de esos choques culturales y no quedarnos siempre en las capas más externas, importantes, pero que solo aportan una información parcial de lo que ha pasado.


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