Multiculturalidad, Elementos Biológicos que Afectan a la Percepción de la Realidad

Ya ha salido el cuarto número de la revista Project Management Iberoamericano, publicada por la AEPDP (Asociación Española de Profesionales en Dirección de Proyectos).

En este número, aparece el tercero de los artículos dedicados a la gestión de la multiculturalidad que en su día comprometí con el presidente de la asociación, Juan Manuel Espinoza. Espero seguir escribiendo en ese medio hasta que JuanMa se canse de mis delirios multiculturales, cosa que espero por otra parte nunca suceda.

El artículo enfoca la realidad multicultural desde un punto de vista que me atrevo a decir, se aparta de los cánones más ampliamente establecidos. El artículo intenta hilar el hecho multicultural con patrones biológicos que gobiernan, hasta cierto punto, nuestro comportamiento y percepción de la realidad.

Os dejo unas primeras líneas de este artículo y os invito a descargar la revista y obtenerlo completo, junto con otros muchos de magníficos colaboradores de la asociación y de la revista, podéis obtenerlo en este enlace

Multiculturalidad en entornos de proyecto
Elementos Biológicos que Afectan a la Percepción de la Realidad

El caso de Phineas P. Gage resulta fascinante. Era un capataz de la construcción que trabajaba para el Ferrocarril Rutland & Burlington dirigiendo un grupo de hombres que tienen encomendada una compleja tarea, más en el año 1848. Se encargan de colocar cargas explosivas que permitan abrir camino en el terreno rocoso y accidentado.

Gage es una persona eficiente, confiable para sus empleadores, hábil en el trabajo, buen comunicador y motivador de su equipo. Todas estas cualidades resultan de una importancia capital, el proceso es arriesgado y duro, así que contar con un jefe de equipo con sus cualidades resulta muy valioso.

El proceso consiste en abrir un orificio en la roca, rellenarlo hasta la mitad aproximadamente con barrenos de pólvora, terminar de rellenarlo con arena y hacerlo detonar con la ayuda de una mecha. Para prensar la mezcla y taponar apropiadamente el orificio y así impedir que la energía generada por la explosión salga hacia el exterior, se emplea un hierro que el propio Gage ha preparado para cumplir de la mejor manera su cometido.

El fatídico momento llega cuando Gage acaba de poner los barrenos y antes de que un miembro de su equipo tapone el orificio con arena, por un despiste, introduce antes de tiempo la barra de hierro que él mismo ha diseñado. La barra accede al espacio donde está expuesta la pólvora y con la fricción que supone el roce con la roca saltan chispas que hacen explotar los barrenos.

La energía liberada lo hace hacia el exterior, proyectando la barra que Gage tantas veces había manejado con habilidad hacia fuera, justo donde Gage se encontraba. El hierro atraviesa la cabeza de Gage, entrando por su mejilla izquierda y saliendo por la zona frontal derecha.

Una hora después del accidente, Gage está relatando al Dr. Edward Williams los detalles del accidente, no solo está vivo, está lúcido y aparentemente normal salvo por los daños físicos sufridos.

Pero algo ha cambiado, Gage se recupera totalmente en lo que al físico se refiere, pero su comportamiento lo ha convertido en otra persona, una que ya no acredita ninguna de las virtudes que lo convirtieron en un gran jefe de equipo y que terminaron por apartarle de cualquier vida social. Gage murió a la edad de 38 años en 1861, posiblemente víctima de convulsiones epilépticas, no se realizo autopsia y solo años después su cuerpo fue exhumado para su estudio.

Este caso es el primero documentado por la ciencia médica que muestra de forma empírica que “las convenciones sociales y normas éticas adquiridas previamente podían perderse como resultado de una lesión cerebral, aún cuando ni el intelecto básico ni el lenguaje parecían hallarse comprometidos” .

Parece que nos enfrentamos a un escenario donde los comportamientos que típicamente asociamos con aspectos culturales tienen una base física, de hecho, tiempo después de la muerte de Gage, el fisiólogo inglés David Ferrier llegó a la conclusión de que la herida no afectó a los centros motor y del lenguaje pero dañó gravemente la corteza prefontral alterando su comportamiento.

Gracias a la neurociencia, hoy sabemos con certeza que la forma en la que nos comportamos, cómo interpretamos los estímulos externos, la forma en la que somatizamos las emociones y reaccionamos ante ellas están físicamente relacionadas con áreas concretas de nuestro cerebro, estamos de facto realizando una asociación física entre comportamientos preaprendidos y que conforman nuestra manera de relacionarnos con el órgano que tiene un gran impacto en nuestra forma de ser.

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